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“¡Hoy sencillamente no puedo concentrarme!”

Traducción del alemán al español:
Francisco María Ruiz Moreno

Hans-Jürgen tenía la sensación, de que las letras ante sus ojos empezaban a desdibujarse. Llevaba ya media hora delante de una narración, que su profesor de alemán había mandado a leer. Hans-Jürgen se incorporó, e intentó recordar el comienzo del texto. Con un movimiento de cabeza de desaprobación volvió hojeando al principio del texto y leyó:

“En toda la historia de la Humanidad, no hay ningún capítulo más instructivo para alma y espíritu que los anales de sus errores. En cada gran crimen cometido estaba implicado una fuerza relativamente grande. Si el juego secreto…..”

¿Lo había leído ya? Le pareció que, aunque leía las palabras, sus pensamientos se perdían a la vez entre las líneas.

“ Si el juego secreto de la fuerza de atracción se esconde normalmente bajo la tenue luz de las emociones normales, se evidenciará con tanta más fuerza, con tanta más agresión y de forma tanto más notable cuanto más fuerte sea el estado de pasión en el que se encuentre: el más sensible investigador del alma humano quién sabe, hasta que punto…… El investigador del alma humano, quien sabe, hasta que punto hay que tener en cuenta la mecánica de la libre voluntad y hasta que punto…”
(La lectura de Hans Jürgen es el comienzo de un relato del autor alemán Friedrich Schiller)

No, eso no tenía sentido. “Hoy sencillamente no puedo concentrarme” murmuró Hans-Jürgen y colocó el manoseado libro de lectura al lado. “Este lenguaje tan raro … algo no funciona hoy. (1)

Y eso que Hans-Jürgen no tenía nunca dificultades con textos complicados, y en realidad le gustaba leer.

¿Por qué Hans-Jürgen no puede concentrarse?

Ya en un anterior consejo de aprendizaje ("La tarde de un alumno") hemos nombrado algunas causas del porqué uno no se puede concentrar en su trabajo y encontrábamos los motivos en un descuidado lugar de trabajo y otras circunstancias externas que son molestas durante el trabajo. Sin embargo, también hay motivos que no están fuera sino dentro de la propia persona.

La atención – o también la concentración – supone un esfuerzo mental de distintos sectores de nuestro cerebro, que tienen que actuar de forma conjunta para que la atención sea efectiva. Así, partes del cerebro que son responsables de actos de planificación están conectadas con aquellas partes que son responsables de la vigilancia y la excitación general, las cuales interactúan con aquellas partes responsables de la captación de la información. Estos procesos deben estar sincronizados unos con otros y si una parte del cerebro no toma parte, entonces puede ocurrir, lo que le pasa a Hans-Jürgen durante la lectura de la historia.

Por lo general nuestra atención se controla de forma automática, de manera que no somos conscientes de que nos concentramos. Sólo por una perturbación del exterior, algo así como un ruido u otras percepciones poco comunes nos damos cuenta de que nuestros pensamiento están algo distraídos.

Esta conciencia de estar distraído no se adquiere tan rápidamente en caso de perturbaciones interiores, por ejemplo sentimientos u otras sensaciones interiores, que hacen que la cooperación de distintas partes del cerebro no funcione. Así perturbaciones como hambre o sed se hacen notar de forma directa sólo mucho después de que la concentración haya disminuido ya hace un buen rato.

Algo parecido ocurre también con problemas personales que están emergiendo en alguna parte del cerebro antes de que nosotros nos preocupemos de forma consciente. Muchos problemas de concentración están relacionados con experiencias de muy atrás. Así el recuerdo de haber suspendido un examen de literatura alemana puede impedirle a Hans-Jürgen la concentración para la lectura. Una sensación de desanimo general como a veces aparece en adolescentes, puede asimismo provocar una falta de concentración, ya que nuestro cerebro reacciona antes de que nosotros lo notemos de forma consciente.

Pero no es tan fácil evitar perturbaciones internas como perturbaciones externas, porque una radio puede ser desconectada o uno puede trasladarse a un lugar de trabajo más tranquilo.

¿Pero como se remedian estos alteraciones internos?

Podemos evitar algunas de estas perturbaciones comiendo a su debido tiempo, con suficiente sueño o pausas durante el estudio. Los ejercicios de concentración pueden ser útiles a algunas personas, ya que sirven para enfocar los pensamientos y esto ayuda a las distintas partes del cerebro a coordinarse.A continuación se describen tres sencillos ejercicios:

  • Cierra los ojos e imagina que alguien ha colocado una naranja sobre tu cabeza, que no debe caer en un minuto.

  • Ponte junto a una ventana abierta y dibuja con los dos brazos a un ritmo lento si es posible grandes círculos.

  • Coge una gran hoja de papel y dibuja sobre ella durante un minuto ochos tumbados. (2)

Tales ejercicios pueden ayudar antes del estudio a prepararse a uno mismo y a su cerebro, y mediante un uso regular llevará a que el cerebro se ajuste más rápido y casi de forma automática a un posterior trabajo con más concentración. (3)

 

1. Pregunta:
¿Te resulta familiar la situación en la que se encuentra Hans-Jürgen? ¿Has experimentado algo parecido en alguna ocasión?

2. Pregunta:
¿Te ocurre alguna otra idea para un ejercicio de concentración? ¿Qué más se podría hacer?

3. Pregunta:
¿Cuál es el efecto que tienen estos ejercicios? Practica por ejemplo, el ejercicio de la naranja y describe el efecto que ha tenido en ti.

 

Copyright de las unidades didácticas: Manuela Molina Molina

Copyright del texto: Benjamín y Werner Stangl

 

   
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