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Consejos prácticos para aprender

Aprenderse las lagunas de conocimiento para luchar contra las lagunas de conocimiento en la escuela (Parte 3)

A la hora de aprender para la escuela ocurre algo parecido: Primero estudiamos, por ejemplo, un párrafo de algún libro en el cual a lo mejor hay cinco o seis informaciones clave que queremos aprender. En nuestro caso se trataría quizás de lo siguiente: Sofía es la capital de Bulgaria, situada al lado del río Iskar, un afluente del Danubio (en búlgaro: Dunaw). Sofía es también el nombre de la catedral, destruida por los hunos. Pertenecía al Imperio Otomano y desde 1879 es la capital. Estos contenidos son almacenados en la memoria la mayoría de las veces mediante repeticiones pero también mediante enlaces con informaciones aprendidas anteriormente (por ejemplo, el nombre de la ciudad “Sofía” tiene la primera sílaba en común con “Sofocles” o “Sofía” es uno de los santos del frío) Por tanto el objetivo del aprendizaje en nuestro ejemplo consistiría en responder a los estímulos “capital” y “Bulgaria” recordando “Sofía” o el nombre del afluente del Danubio, Iskar. Algunas informaciones encajan en nuestro cerebro de forma más fácil, otras más difícil y algunas desgraciadamente, no hay forma de anclarlas en la memoria en absoluto.

Cuando los alumnos tienen que examinarse de una materia, cada pregunta del profesor ya contiene algúna pista que apunta a la contestación correcta; pero estas pistas desgraciadamente a veces, se quedan cortas o no son las adecuadas como para recordar inmediatamente la contestación correcta.

Podemos apoyar el proceso de aprendizaje si apuntamos los distintos bloques de informaciones esenciales a aprender, en una lista. Entonces podemos tapar uno de estos bloques e intentar recordar el contenido de éste, mirando el contenido de los otros bloques visibles. Más tarde podemos tapar dos o tres bloques y reconstruir su contenido a través de los elementos que han quedado visibles. Si luego nos vemos en el examen, -o en la vida en general-, confrontados con uno de estos elementos, entonces podremos recordar más o menos bien todos los demás elementos que habíamos relacionado con aquéllos.

También puede resultar útil añadir a la materia a aprender, informaciones que ya tenemos memorizadas. En nuestro ejemplo, podría tratarse quizás de los nombres de los países fronterizos o del nombre antiguo del río Danubio “Ister” que suena parecido a “Iskar”. Así, mientras Tobias se acordó de su trabajo sobre Sofocles, el profesor pensó en Sofía, porque durante el período de los “Santos del frío”, había cogido un resfriado del que aún no estaba curado: Cada uno construye su red de pistas personales que le ayudan más tarde a acordarse de lo aprendido. A veces parece que hay brujería en juego, porque uno puede acordarse perfectamente de la página del libro en que se encuentra cierta información, pero resulta imposible acordarse de ella. (Vease tambien el consejo práctico ¿Cómo se llama la capital de... ?)

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Lernlücken gegen Lückenlernen in der Schule (Teil 3)

Beim Lernen für die Schule passiert Ähnliches: Zunächst studieren wir z.B. einen Absatz in einem Lehrbuch, in welchem vielleicht fünf oder sechs Informationshäppchen stecken, die wir lernen wollen. In unserem Fall sind diese Häppchen vielleicht: Sofia ist die Hauptstadt von Bulgarien, liegt am Iskar, einem Nebenfluss der Donau (bulgarisch Dunaw), Name nach der Sophienkirche, zerstört von Hunnen, gehörte zum Osmanischen Reich, ist seit 1879 Hauptstadt. Diese Informationen werden in unserem Gehirn meist durch Wiederholungen miteinander verknüpft, aber auch durch Verknüpfungen mit anderen früher gelernten Informationen (etwa wenn der Name der Stadt „Sofia“ die erste Silbe mit „Sophokles“ gemeinsam hat oder dass Sophia der Name einer Eisheiligen ist). Ziel des Lernens in unserem Beispiel wäre daher, auf die Hinweise „Hauptstadt“ und „Bulgarien“ sich an „Sofia“ oder an den Namen des Donaunebenflusses Iskar zu erinnern. Manche Informationen verknüpfen sich beim Lernen in unserem Gehirn leichter, andere schwerer, manche leider überhaupt nicht.

Wenn SchülerInnen später über den gelernten Stoff geprüft werden, dann enthält jede Frage eines Lehrers schon Hinweise auf die Antwort, nur leider in manchen Fällen zu wenige oder auch die falschen, um sich sofort an die richtige Antwort zu erinnern.

Wir können das Lernen dadurch unterstützen, indem wir die zu lernenden Stoffhäppchen untereinander auf ein Blatt Papier schreiben, und dann eine dieser Portionen mit einem Streifen Papier verdecken und versuchen, uns aus den sichtbaren an die verdeckte zu erinnern. Später können wir dann zwei oder drei dieser Wissenshäppchen abdecken und aus den sichtbaren auf die unsichtbaren rückschließen. Wenn uns dann bei der Prüfung oder überhaupt später im Leben ein solcher Happen hingeworfen wird, dann erinnern wir uns mehr oder weniger gut an die übrigen, die wir damit verknüpft hatten.

Es kann auch sinnvoll sein, beim Lernen bekannte Informationen, die bereits in unserem Gehirn gespeichert sind, zu den zu lernenden hinzuzufügen. In unserem Beispiel vielleicht die Namen der angrenzenden Länder oder den alten Namen der Donau „Ister“, der ein wenig wie „Iskar“ klingt. Tobias hat „innerlich“ beim Lernen an sein Sophokles-Referat gedacht, während der Lehrer deshalb an Sofia dachte, da er sich zu den Eisheiligen einen Schnupfen geholt hatte, der ihn noch immer plagte. So baut jeder sein Netz an persönlichen Hinweisen, das ihm später hilft, sich an das Gelernte zu erinnern. Manchmal ist es wie verhext, denn man kann sich genau erinnern, wo auf der Seite im Buch das Gelernte stand, aber der Groschen will nicht fallen (siehe dazu den Lerntipp „Wie heißt die Hauptstadt von ...“).

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